martes, 17 de marzo de 2015

@lenguaalquian


Hola queridos alumnos, ha nacido @lenguaalquian . Iré subiendo canciones, poemas y lo que se me ocurra para ir trabajando el tema. Espero que participéis y os animéis a proponer cosas vosotros que tendréis un gusto más refinado. Es una cuenta privada, si no aparece vuestro mensaje esperad a que os acepte, un saludo.

jueves, 12 de febrero de 2015

¿Qué es el amor?

Ante la llegada del famoso santo he recordado un audio, que ya publiqué en algún momento, pero que creo merece la pena. Al escucharlo me hago la siguiente pregunta:¿Quién tiene razón el científico, Punset, o el poeta, García Montero? Ya me contaréis.





De propina os dejo algunas obras que versan sobre el tema:







Y os vuelvo a subir los vídeos de Cupidity:








Saludos.

viernes, 6 de febrero de 2015

Don José Saramago



Hola pequeñas superpotencias, os voy a dejar algunos enlaces "interesantes" sobre Saramago, quizás os ayuden a la hora de reflexionar sobre el Ensayo... y sobre la vida.Su figura de Saramago en el mundo contemporáneo tiene un valor grandísimo ya que es una de las pocas voces de autoridad, de esas personas cuya vida y palabras son un ejemplo a seguir.

Su biografía o autobiografía es un ejemplo de dignidad,tomando decisiones que la han llevado a exiliarse de su país y ser repudiado por cierto sector intelectual.

Ya de pequeño apuntaba maneras y ha sido de las pocas personas que le ha dado el nombre a su padre, así lo cuenta en sus "Pequeñas memorias" :



EN OTRO LUGAR he contado el cómo y el porqué del apellido Saramago. Que ese Saramago no era apellido paterno, sino el apodo por el que era conocida la familia en la aldea. Que cuando mi padre fue a inscribir en el registro civil de Golega el nacimiento de su segundo hijo sucedió que el funcionario (Silvino se llamaba) estaba borracho (por despecho, de eso lo iba a acusar siempre mi padre), y que, bajo los efectos del alcohol y sin que nadie notara el onomástíco fraude, decidió, por su cuenta y riesgo, añadir el Saramago al lacónico José de Sousa que mi padre pretendía que llevara. Y que, de esta manera, finalmente, gracias a una intervención a todas luces divina —me refiero, claro está, a Baco, dios del vino y de todos aquellos que se exceden en beberlo—, no tuve la necesidad de inventar un pseudónimo para, habiendo futuro, firmar mis libros. Suerte, gran suerte la mía, fue que no naciera en alguna de las familias de Azinhaga que, en aquel tiempo y durante muchos años más, tuvieron que arrostrar los obscenos alias de Pichatada, Culoroto y Caraihada. Entré en la vida marcado con este apellido de Saramago sin que la familia lo sospechase, y sólo a los siete años, al matricularme en la instrucción primaria, y siendo necesario presentar partida de nacimiento, la verdad salió desnuda del pozo burocrático, con gran indignación de mi padre, a quien, desde que se mudó a Lisboa, el apodo le disgustaba mucho. Pero lo peor de todo vino cuando, llamándose él únicamente José de Sousa, como se podía ver en sus papeles, la Ley, severa, desconfiada, quiso saber por qué bulas tenía entonces un hijo cuyo nombre completo era José de Sousa Saramago. Así intimado, y para que todo quedara en su lugar, en lo sano y en lo honesto, mi padre no tuvo otro remedio que proceder a una nueva inscripción de su nombre, pasando a llamarse, él también, José de Sousa Saramago. Supongo que habrá sido éste el único caso, en la historia de la humanidad, en que el hijo le dio nombre al padre. No nos sirvió de mucho, ni a nosotros ni a ella, porque mi padre, firme en sus antipatías, siempre quiso y consiguió que lo trataran únicamente por Sousa.


Un momento de especial alegría fue cuando recibió le premio Nobel de literatura, no por el premio en sí,sino porque su voz podía llegar a un sector más amplio.En el discurso de aceptación del mismo,titulado De cómo los personajes se convirtieron en maestros y el autor en su aprendiz, hace un repaso por las personas y personajes que más lo marcaron.De este rescato algunos fragmentos:

Hablando de sus abuelos:

El hombre más sabio que he conocido en toda mi vida no sabía leer ni escribir. A las cuatro de la madrugada, cuando la promesa de un nuevo día aún venía por tierras de Francia, se levantaba del catre y salía al campo, llevando hasta el pasto la media docena de cerdas de cuya fertilidad se alimentaban él y la mujer.[...]Se llamaban Jerónimo Melrinho y Josefa Caixinha esos abuelos, y eran analfabetos uno y otro.


La muerte de estos:

Estaba sentada a la puerta de una casa, como no creo que haya habido alguna otra en el mundo, porque en ella vivió gente capaz de dormir con cerdos como si fuesen sus propios hijos, gente que tenía pena de irse de la vida sólo porque el mundo era bonito, gente, y ése fue mi abuelo Jerónimo, pastor y contador de historias, que, al presentir que la muerte venía a buscarlo, se despidió de los árboles de su huerto uno por uno, abrazándolos y llorando porque sabía que no los volvería a ver.


Su relación con la literatura:

En cierto sentido se podría decir que, letra a letra, palabra a palabra, página a página, libro a libro, he venido, sucesivamente, implantando en el hombre que fui los personajes que creé. Considero que sin ellos no sería la persona que hoy soy, sin ellos tal vez mi vida no hubiese logrado ser más que un esbozo impreciso, una promesa como tantas otras que de promesa no consiguieron pasar, la existencia de alguien que tal vez pudiese haber sido y no llegó a ser.


Haciendo un repaso por sus últimas obras:

La terrible carnicería de Münster enseñó al aprendiz que al contrario de lo que prometieron las religiones nunca sirvieron para aproximar a los hombres y que la más absurda de todas las guerras es una guerra religiosa, teniendo en consideración que Dios no puede, aunque lo quisiese, declararse la guerra a sí mismo...

Ciegos. El aprendiz pensó "Estamos ciegos", y se sentó a escribir el Ensayo sobre la ceguera para recordar a quien lo leyera que usamos perversamente la razón cuando humillamos la vida, que la dignidad del ser humano es insultada todos los días por los poderosos de nuestro mundo, que la mentira universal ocupó el lugar de las verdades plurales, que el hombre dejó de respetarse a sí mismo cuando perdió el respeto que debía a su semejante. Después el aprendiz, como si intentara exorcizar a los monstruos engendrados por la ceguera de la razón, se puso a escribir la más simple de todas las historias: Una persona que busca a otra persona sólo porque ha comprendido que la vida no tiene nada más importante que pedir a un ser humano. El libro se llama Todos los nombres. No escritos, todos nuestros nombres están allí. Los nombres de los vivos y los nombres de los muertos.

Termino. La voz que leyó estas páginas quiso ser el eco de las voces conjuntas de mis personajes. No tengo, pensándolo bien, más voz que la voz que ellos tuvieron. Perdónenme si les pareció poco esto que para mí es todo.

FIN


"El cuaderno de Saramago, es su blog,donde va reflexionando,casi diariamente sobre temas de actualidd.Es un ejemplo de fluidez y esfuerzo personal y desinteresado,con ochenta y seis años.

Estos mismos son los que nos hicieron temer lo peor hace un año,cuando enfermó gravemente.Pero una año después ha publicado, hace unos meses, su nuevo libro,"El viaje del elefante".Esta experiencia la relata así en este artículo de su blog:

Un año después

“Morí” en la noche del 22 de diciembre de 2007, a las cuatro horas de la madrugada, para “resucitar” solo nueve horas después. Un colapso orgánico total, un paro de las funciones del cuerpo, me llevaron al último umbral de la vida, ahí donde ya es demasiado tarde para despedidas. No recuerdo nada. Pilar estaba allí, estaba también María, mi cuñada, una y otra delante de un cuerpo inerte, abandonado de todas las fuerzas y donde el espíritu parecía haberse ausentado, que más tenía ya de irremediable cadáver que de ser viviente. Son ellas quienes me cuentan hoy lo que fueran aquellas horas. Ana, mi nieta, llegó en la tarde del mismo día, Violante al siguiente. El padre y abuelo todavía era como la pálida llama de una vela que amenazaba extinguirse con el soplo de su propia respiración. Supe después que mi cuerpo sería expuesto en la biblioteca, rodeado de libros y, digámoslo así, otras flores. Escapé. Un año de recuperación, lenta, lentísima como me avisaron los médicos que tendría que ser, me devolvió la salud, la energía, la agilidad de pensamiento, me devolvió también ese remedio universal que es el trabajo. En dirección, no a la muerte, sino a la vida, hice mi propio “Viaje del elefante”, y aquí estoy. Para servirles.



Soy un escritor que literariamente hace lo que puede y humanamente siente que tiene una responsabilidad por el mismo hecho de vivir. Una responsabilidad que asumo cada día y en cada circunstancia. Vivimos un tiempo de pensamiento único que es casi pensamiento cero y yo reivindico el derecho a decir no, a examinar y criticar.

También es interesante el discurso que dio en la Casa de las Américas, os selecciono algunos fragmentos:

Como siempre o casi siempre, cuando no tengo un papel y tengo que improvisar, normalmente el tema surge en unos minutos inmediatamente anteriores al instante en que tengo que empezar a hablar. Ahora se me ocurrió la idea cuando estaba subiendo las escaleras. Como subía las escaleras seguramente será un asunto muy elevado. 
[...]

Se organizó hace un par de años un encuentro, éramos diez personas, para que presentásemos propuestas para el milenio. Personalmente creo que es una idea que no tiene mucho sentido. Porque presentar propuestas para el milenio que viene es completamente absurdo. 
Lo que es interesante por la envergadura, la estatura intelectual de las personas que participaron en ese encuentro es que se lo tomaron en serio. Entonces, había noventa propuestas para el milenio, donde había de todo, sobre todo delirio, puro delirio. Al punto que ahora mismo no me puedo acordar. A lo mejor porque yo había sido mucho más modesto y me vi limitado a presentar mejor propuestas para el día siguiente. Al día siguiente ya todo era literatura fantástica, imaginándonos situaciones para la humanidad, fuera de lugar. No estoy diciendo que la humanidad no la venga a necesitar un día o ahora mismo. Pero obviamente la inviabilidad era total. 

Mis propuestas eran sencillas, muy claras. Eran nueve propuestas que cualquier persona podría formular. Pero lo que me quedó sobre todo es la décima propuesta, que será el tema de mi conversación ligado al trabajo literario. Hasta qué punto esta última propuesta se encadena con lo que estoy haciendo. Y era sencillamente el regreso a la filosofía. 
Regreso a la filosofía no en el sentido absurdo de que ahora nos vamos a convertir todos en filósofos. Filosofía aquí podría significar exactamente todo lo que esperamos encontrar en la filosofía, es decir, la reflexión, el análisis, el espíritu crítico, libre. Es decir, circular dentro del universo humano donde conceptos de otro tipo se enfrentan, se encuentran, se juntan, se separan, es lo que pasa todos los días, pero apuntar la idea de que si el hombre es un ser pensante pues entonces que piense. 


Se puede decir, y yo estaría de acuerdo en principio, que una cosa es la filosofía y otra la literatura. La literatura no tiene que ser filosófica al igual que la filosofía no tiene por qué ser literaria, aunque es cierto que algunos filósofos han hecho de sus tesis filosóficas magníficas obras literarias en el sentido de que la calidad del lenguaje es realmente notable. 
Por otra parte, la tentación del ficcionista, o de cierto tipo de ficcionista es incapaz de dar un paso en la literatura que están construyendo sin pensar no solo en lo que eso significa sino también en el hecho mismo de que están escribiendo aquello. Eso es lo que me ha ayudado a regresar a la filosofía en un momento anterior a mi Nobel, y anterior quizás a la publicación de dos libros que yo considero importantes. [...]
 
Por todo eso la verdad histórica o no pasa por una interpretación, pasa por la mirada del tiempo en que esa interpretación se hace, por lo tanto es más probable que por motivos distintos, políticos, ideológicos, la generación siguiente si observa el mismo hecho llegue a conclusiones distintas. Por tanto no sabremos nunca detalladamente qué es lo que pasó. Y sobre todo porque la historia que se cuenta es incompleta. 
En primer lugar, la historia se escribe desde el punto de vista de los vencedores, los vencidos nunca han escrito la historia. Se escribe, fatalmente, desde un punto de vista masculino. La humanidad contada por una mujer o un equipo de mujeres sería totalmente distinta porque el punto de vista es totalmente otro. Incluso la historia de la humanidad, que de vez en cuando se hace y es una empresa completamente desproporcionada porque nadie puede escribir la historia de la humanidad, pero se intenta, y se compra y se vende. 
Nace una cantidad de personas que no van a ser importantes pero que están en la vida, trabajan, sufren, son felices, van a la guerra, se mueren, se salvan. Sobre todo lo que ocurre en la vida humana, y esto multiplicado por millones de veces, tenemos que llegar a una conclusión. O toda esa gente nació para nada y no va a tener ninguna influencia en la historia, lo que es muy difícil, porque Napoleón no hubiera ganado lo que ganó sin aquellos que lo siguieron para ganar la batalla, aunque se diga que es un estratega extraordinario, pero aun así se necesita gente dispuesta a morir, y eso lo ha tenido Napoleón junto a los demás Napoleones que han infestado nuestra vida. Decía o esa gente ha vivido para nada y no se puede porque para algo ha vivido, y si es así entonces, sería necesario saber para qué. No se trata sencillamente que han nacido para ir a la guerra y morir en nombre de Francia. 
Y ahora con esta idea de que una mariposa aletea en Tokyo y ocasiona un terremoto en California solo por el hecho de ese aleteo, imaginen los millones de seres humanos que han muerto, y si hay una lógica en el mundo, esa muerte tendría que tener un efecto muchísimo mayor que el simple aleteo de la mariposa. 


[...]Yo he escrito un ensayo que se llama La estatua y la piedra hace algunos años en que más o menos decía que yo como novelista estaba describiendo una estatua. A lo mejor no lo pensamos mucho pero una estatua es la superficie de la piedra. Aquello que llamamos estatua es la superficie de la piedra después que el escultor ha trabajado sobre ella. 
Pero la piedra sigue siendo piedra más allá de la superficie, y en el fondo más allá de la superficie la piedra no sabe que es estatua. Entonces a partir de Ensayo…, pasando por Todos los nombresLa cavernaEl hombre duplicadoEnsayo sobre la lucidez, y la última novela que se publicará este año Las intermitencias de la muerte, es mi obsesión llevar lo más lejos y profundo que yo pueda el significado de ser un ser humano. [...]

Entonces el planteamiento este ni siquiera tiene que ver con las preguntas clásicas qué somos, de dónde venimos, adónde vamos, que no tienen respuestas o algunas de ellas tienen las respuestas que la ciencia puede proporcionarnos. 
Para mí la pregunta importante y esa es probablemente la que costará más trabajo encontrar respuesta es esta: qué es lo que estamos haciendo aquí. Cada uno contestará yo estoy haciendo mi trabajo, tengo una vocación para hacer esto o aquello, pero eso no contesta nada. Ah, bueno, estamos aquí para construir una sociedad justa, magnífico que lo haga, pero sea cual sea la respuesta que podemos dar, y podemos dar muchas y todas magníficas, la pregunta queda intacta: qué es lo que estamos haciendo aquí. 

A partir de Ensayo sobre la ceguera y con alguna excepción motivada por la naturaleza de la historia que estaba contando, yo gano una especie de conciencia incómoda de que todo es muy pequeño. Y no es muy pequeño en relación a la vidas astronómicas que no podemos ni siquiera imaginar. 
A mí me causa una especie de vértigo la pregunta qué estamos haciendo aquí y la respuesta solo puede ser una, en el fondo fondo no estamos haciendo nada. O mejor estamos haciendo todo lo que podemos para justificar nuestra propia existencia. Pero cuando esto se acabe, o porque la galaxia se hunda en el agujero negro que ya está en el centro de la galaxia, o que el sol se apague, habremos pasado por el tiempo inútilmente, todo desaparecerá y habremos sido en la vida del universo un suspiro, nada más que un suspiro. 
Esta conciencia que puede llevarnos a la angustia total, a pensar en lo que ocurrirá, ya sabemos que no será mañana. A lo mejor ni siquiera necesitaremos que el sol se apague, puede ocurrir que mucho antes de eso hayamos destruido el planeta y es otra hipótesis, por el camino que vamos seguramente puede ocurrir. 
Esto parece que es una cosa sin relación, pero sí. Las personas pierden su nombre, un ejemplo en Ensayo sobre la ceguera, en Todos los nombres hay una sola persona que tiene nombre y se llama José, no porque sea mi alter ego, yo buscaba un nombre insignificante y la verdad es que el nombre más insignificante que encontré fue el mío, luego viene La caverna donde hay una familia con todos sus nombres,[...]


A partir de Ensayo sobre la ceguera hasta Las intermitencias de la muerte mi preocupación es esa, qué es esto, de ser hombre, mujer, de siendo hombre o mujer, ser niño o ser viejo, ser esto o ser aquello, ser blanco o negro, qué significa esto. Deberíamos saber que la palabra humanidad es totalmente abstracta, no dice nada. Porque lo que llamamos humanidad en estos momentos son más de siete mil millones de personas y cada una de ellas es única. [...] Todos tenemos derecho a decir yo. 
Con esto quiero decir que cuando terminé mi enunciado de diez propuestas no para el milenio sino para el día siguiente, y terminé diciendo regreso a la filosofía, en el fondo era regreso al pensar. Con algo que no se puede separar de la naturaleza del hombre desde el momento en que bajó del árbol, dejó de andar en cuatro patas y se puso de pie, cuando intentó el primer instrumento, un palo con el que podía llegar a un fruto que el brazo no podía alcanzar. Toda esa historia hasta el día en que estamos es obra del pensar. 

El pensar creo que es, quitando el otro placer, de acuerdo, sobre todo porque son incompatibles, el otro no permite que tú pienses, no te da espacio para que pienses, aunque sabes que a veces si piensas no vas a lo otro. Quiero decir que hoy como escritor, yo, con Premio Nobel o sin Premio Nobel, con 82 años, considero que el privilegio del ser humano fue el de ser capaz de pensar, de reflexionar, de aplicar sus pequeños instrumentos de un pequeño cerebro que a pesar de todo contiene una memoria, conocimientos y todo eso archivado dentro del cerebro, y todo eso hacerlo funcionar en una obra, que puede ser literaria. O como personas sencillas que quieren conocer el mundo en que se encuentran y que piensan, y que discuten y analizan, y preguntan. Eso creo que es la única razón por la que efectivamente vale la pena estar vivos. Y si a la par de eso se pueden resolver los problemas que son miles que impiden a millones y millones de personas no solo pensar, sino sencillamente a vivir, entonces la tarea que tenemos por delante como seres humanos es inmensa, infinita y enorme. 
Pero siempre tiene que empezar por donde tiene que terminar para volver a empezar y para volver a terminar, siempre y siempre. Pensar, pensar y pensar. 


Os dejo un vídeo para terminar:

-Reflexionando sobre diversos temas de actualidad:







Saludos.

jueves, 29 de enero de 2015

Comentario de texto narrativo: El buscador de Jorge Bucay

Os dejo este cuento completo para que hagáis su organización de las ideas, resumen y tema y comentario crítico, ánimo.




EL BUSCADOR.

Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como buscador
Un buscador es alguien que busca. No necesariamente es alguien que encuentra. Tampoco esa alguien que sabe lo que está buscando. Es simplemente para quien su vida es una búsqueda.


Un día un buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. Él había aprendido a hacer caso riguroso a esas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo, así que dejó todo y partió. Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos divisó Kammir, a lo lejos. Un poco antes de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero le llamó la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadoras. La rodeaba por completo una especie de valla pequeña de madera lustrada... Una portezuela de bronce lo invitaba a entrar. De pronto sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar. El buscador traspaso el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles. Dejó que sus ojos eran los de un buscador, quizá por eso descubrió, sobre una de las piedras, aquella inscripción ... “Abedul Tare, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días”. Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que esa piedra no era simplemente una piedra. Era una lápida, sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar... Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado, también tenía una inscripción, se acercó a leerla decía “Llamar Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas”. El buscador se sintió terrible mente conmocionado. Este hermoso lugar, era un cementerio y cada piedra una lápida. Todas tenían 
inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto, pero lo que lo contactó con el espanto, fue comprobar que, el que más tiempo había vivido, apenas sobrepasaba 11 años. Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar. El cuidador del cementerio pasaba por ahí y se acercó, lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar .

- No ningún familiar – dijo el buscador - ¿Qué pasa con este pueblo?, ¿Qué cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar? ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que lo ha obligado a construir un cementerio de chicos?.

El anciano sonrió y dijo: -Puede usted serenarse, no hay tal maldición, lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré: cuando un joven cumple 15 años, sus padres le regalan una libreta, como esta que tengo aquí, colgando del cuello, y es tradición entre nosotros que, a partir de allí, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abre la libreta y anota en ella: a la izquierda que fu lo disfrutado..., a la derecha, cuanto tiempo duró ese gozo. ¿ Conoció a su novia y se enamoró de ella? ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla?...¿Una semana?, dos?, ¿tres semanas y media?... Y después... la emoción del primer beso, ¿cuánto duró?, ¿El minuto y medio del beso?, ¿Dos días?, ¿Una semana? ... ¿y el embarazo o el nacimiento del primer hijo? ..., ¿y el casamiento de los amigos...?, ¿y el viaje más deseado...?, ¿y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano...?¿Cuánto duró el disfrutar de estas situaciones?... ¿horas?, ¿días?... Así vamos anotando en la libreta cada momento, cuando alguien se muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su tumba. Porque ese es, para nosotros, el único y verdadero tiempo vivido. 



"Cuentos para pensar" Jorge Bucay

lunes, 26 de enero de 2015

El almohadón de plumas-Horacio Quiroga




Hola a tod@s. Os quiero hablar de este magnífico escritor uruguayo.Es uno de los mejores autores de cuentos del siglo XX por lo que os propongo leer un cuento para comprobarlo.Ya me diréis.

Tuvo una vida llena de fatalidades, la cual afectó a su manera de escribir donde la presencia de la muerte es constante.

Os dejo un audio que os valdrá de resumen para conocer la vidad de este autor.






El almohadón de plumas.

Su luna de miel fue un largo escalofrío. Rubia, angelical y tímida, el carácter duro de su marido heló sus soñadas niñerías de novia. Lo quería mucho, sin embargo, a veces con un ligero estremecimiento cuando volviendo de noche juntos por la calle, echaba una furtiva mirada a la alta estatura de Jordán, mudo desde hacía una hora. Él, por su parte, la amaba profundamente, sin darlo a conocer.

Durante tres meses —se habían casado en abril— vivieron una dicha especial. Sin duda hubiera ella deseado menos severidad en ese rígido cielo de amor, más expansiva e incauta ternura; pero el impasible semblante de su marido la contenía siempre.

La casa en que vivían influía un poco en sus estremecimientos. La blancura del patio silencioso —frisos, columnas y estatuas de mármol— producía una otoñal impresión de palacio encantado. Dentro, el brillo glacial del estuco, sin el más leve rasguño en las altas paredes, afirmaba aquella sensación de desapacible frío. Al cruzar de una pieza a otra, los pasos hallaban eco en toda la casa, como si un largo abandono hubiera sensibilizado su resonancia.

En ese extraño nido de amor, Alicia pasó todo el otoño. No obstante, había concluido por echar un velo sobre sus antiguos sueños, y aún vivía dormida en la casa hostil, sin querer pensar en nada hasta que llegaba su marido.

No es raro que adelgazara. Tuvo un ligero ataque de influenza que se arrastró insidiosamente días y días; Alicia no se reponía nunca. Al fin una tarde pudo salir al jardín apoyada en el brazo de él. Miraba indiferente a uno y otro lado. De pronto Jordán, con honda ternura, le pasó la mano por la cabeza, y Alicia rompió en seguida en sollozos, echándole los brazos al cuello. Lloró largamente todo su espanto callado, redoblando el llanto a la menor tentativa de caricia. Luego los sollozos fueron retardándose, y aún quedó largo rato escondida en su cuello, sin moverse ni decir una palabra.

Fue ese el último día que Alicia estuvo levantada. Al día siguiente amaneció desvanecida. El médico de Jordán la examinó con suma atención, ordenándole calma y descanso absolutos.

—No sé —le dijo a Jordán en la puerta de calle, con la voz todavía baja—. Tiene una gran debilidad que no me explico, y sin vómitos, nada.. . Si mañana se despierta como hoy, llámeme enseguida.

Al otro día Alicia seguía peor. Hubo consulta. Constatóse una anemia de marcha agudísima, completamente inexplicable. Alicia no tuvo más desmayos, pero se iba visiblemente a la muerte. Todo el día el dormitorio estaba con las luces prendidas y en pleno silencio. Pasábanse horas sin oír el menor ruido. Alicia dormitaba. Jordán vivía casi en la sala, también con toda la luz encendida. Paseábase sin cesar de un extremo a otro, con incansable obstinación. La alfombra ahogaba sus pesos. A ratos entraba en el dormitorio y proseguía su mudo vaivén a lo largo de la cama, mirando a su mujer cada vez que caminaba en su dirección.

Pronto Alicia comenzó a tener alucinaciones, confusas y flotantes al principio, y que descendieron luego a ras del suelo. La joven, con los ojos desmesuradamente abiertos, no hacía sino mirar la alfombra a uno y otro lado del respaldo de la cama. Una noche se quedó de repente mirando fijamente. Al rato abrió la boca para gritar, y sus narices y labios se perlaron de sudor.

—¡Jordán! ¡Jordán! —clamó, rígida de espanto, sin dejar de mirar la alfombra.

Jordán corrió al dormitorio, y al verlo aparecer Alicia dio un alarido de horror.

—¡Soy yo, Alicia, soy yo!

Alicia lo miró con extravió, miró la alfombra, volvió a mirarlo, y después de largo rato de estupefacta confrontación, se serenó. Sonrió y tomó entre las suyas la mano de su marido, acariciándola temblando.

Entre sus alucinaciones más porfiadas, hubo un antropoide, apoyado en la alfombra sobre los dedos, que tenía fijos en ella los ojos.

Los médicos volvieron inútilmente. Había allí delante de ellos una vida que se acababa, desangrándose día a día, hora a hora, sin saber absolutamente cómo. En la última consulta Alicia yacía en estupor mientras ellos la pulsaban, pasándose de uno a otro la muñeca inerte. La observaron largo rato en silencio y siguieron al comedor.

—Pst... —se encogió de hombros desalentado su médico—. Es un caso serio... poco hay que hacer...

—¡Sólo eso me faltaba! —resopló Jordán. Y tamborileó bruscamente sobre la mesa.

Alicia fue extinguiéndose en su delirio de anemia, agravado de tarde, pero que remitía siempre en las primeras horas. Durante el día no avanzaba su enfermedad, pero cada mañana amanecía lívida, en síncope casi. Parecía que únicamente de noche se le fuera la vida en nuevas alas de sangre. Tenía siempre al despertar la sensación de estar desplomada en la cama con un millón de kilos encima. Desde el tercer día este hundimiento no la abandonó más. Apenas podía mover la cabeza. No quiso que le tocaran la cama, ni aún que le arreglaran el almohadón. Sus terrores crepusculares avanzaron en forma de monstruos que se arrastraban hasta la cama y trepaban dificultosamente por la colcha.

Perdió luego el conocimiento. Los dos días finales deliró sin cesar a media voz. Las luces continuaban fúnebremente encendidas en el dormitorio y la sala. En el silencio agónico de la casa, no se oía más que el delirio monótono que salía de la cama, y el rumor ahogado de los eternos pasos de Jordán.

Murió, por fin. La sirvienta, que entró después a deshacer la cama, sola ya, miró un rato extrañada el almohadón.

—¡Señor! —llamó a Jordán en voz baja—. En el almohadón hay manchas que parecen de sangre.

Jordán se acercó rápidamente Y se dobló a su vez. Efectivamente, sobre la funda, a ambos lados dél hueco que había dejado la cabeza de Alicia, se veían manchitas oscuras.

—Parecen picaduras —murmuró la sirvienta después de un rato de inmóvil observación.

—Levántelo a la luz —le dijo Jordán.

La sirvienta lo levantó, pero enseguida lo dejó caer, y se quedó mirando a aquél, lívida y temblando. Sin saber por qué, Jordán sintió que los cabellos se le erizaban.

—¿Qué hay?—murmuró con la voz ronca.

—Pesa mucho —articuló la sirvienta, sin dejar de temblar.

Jordán lo levantó; pesaba extraordinariamente. Salieron con él, y sobre la mesa del comedor Jordán cortó funda y envoltura de un tajo. Las plumas superiores volaron, y la sirvienta dio un grito de horror con toda la boca abierta, llevándose las manos crispadas a los bandós: —sobre el fondo, entre las plumas, moviendo lentamente las patas velludas, había un animal monstruoso, una bola viviente y viscosa. Estaba tan hinchado que apenas se le pronunciaba la boca.

Noche a noche, desde que Alicia había caído en cama, había aplicado sigilosamente su boca —su trompa, mejor dicho— a las sienes de aquélla, chupándole la sangre. La picadura era casi imperceptible. La remoción diaria del almohadón había impedido sin dada su desarrollo, pero desde que la joven no pudo moverse, la succión fue vertiginosa. En cinco días, en cinco noches, había vaciado a Alicia.

Estos parásitos de las aves, diminutos en el medio habitual, llegan a adquirir en ciertas condiciones proporciones enormes. La sangre humana parece serles particularmente favorable, y no es raro hallarlos en los almohadones de pluma.

Horacio Quiroga.1905.







Saludos.

miércoles, 21 de enero de 2015

Ring,Ring

Os dejo un relato que ha escrito nuestra querida compañera María José López Caro, me ha pedido que os lo lea y, por eso, aquí está. Se nota que os echa de menos...

RING, RING.

                El otro día, al acabar clase de matemáticas con mi entrenador Mr. Matonak (que aunque se escribe Matonak, se pronuncia Motánic), me di cuenta de lo vacío que suena el timbre de mi nuevo instituto. Es así como un PIII, PIII, PIII metálico... Me di cuenta de lo lleno de sentimientos que tiene el cantar del timbre de El Alquián.
                Dicen que uno no aprende a montar en bici hasta que se quita las ruedecillas y te comes el suelo con más ganas que las lentejas de mamá. Todos sabemos que te da igual la camiseta que se esconde en lo más oscuro de tu armario hasta que te la roba tu hermana. Es verdad que uno no valora lo que tiene hasta que lo pierde. He tenido que irme a más de 10,000km de distancia para darme cuenta.
                Me habéis acostumbrado a daros consejos cada día, incluso cuando no me los pedís y no es asunto mío... por lo que es vuestra culpa que os escribo esta carta.
                Sé que todo sigue igual. Sé que Lydia sigue diciendo MADRE MÍA, MADRE MÍA. Sé que Elena sigue haciendo correr 5 vueltas para calentar, aunque estemos a 68ºC. Javier seguramente seguirá mandando las 3 páginas de problemas del final del tema. Mayte os seguirá poniendo al día con lo que pasa en el día a día en el mundo con su noticiario en clase de inglés.  Antonio López seguirá poniendo música en clase. Sé que el agua de la fuente sabe igual, y sé que el RING del timbre es el mismo.
                Aún así, puede que no sea lo mismo para vosotros. Puede que aunque todo siga igual, todo haya cambiado. El cielo es el mismo para todo el hemisferio Norte. Si miro arriba veré lo mismo que veríais vosotros a la misma hora, pero os puedo asegurar que el cielo de Maryland no es el mismo que el cielo de Almería, y que no os engañen... porque aunque solo tengamos un Sol, os digo, os aseguro, y dejadme insistir cuando insisto en repetiros al contaros que son muy diferentes. Siempre podéis preguntarle a un Chino si no os fiáis de mí.
                Habéis cambiado de profesores, de clases, de asignaturas... de sitios, de compañeros, de peinado. Seguro que estáis más gordos, más delgados, más altos, no más bajos. Seguro que sois más maduros. Puede que hayáis experimentados nuevas sensaciones, nuevos sentimientos, nuevos sabores... pero el timbre seguirá sonando igual, y el agua de la fuente seguirá sabiendo tan deliciosamente mal como siempre:  hoy, mañana, ayer y dentro de cinco años, cuando los chiquillos de primero de eso estén sustituyendo vuestras mesas y orgullo de primero de bachillerato. A él le dará igual sustituirnos a todos, como ya ha hecho anteriormente.
                Éste es el penúltimo año que estáis todos juntos. Y dejadme insistir cuando insisto en repetiros al contaros que me encantaría poder usar primera persona del plural en vez de segunda cuando uso el verbo estar. Por ello debéis valorar a todos vuestros compañeros. Por mal que os caigan. Aprended a valorar las pequeñas cosillas de cada uno, incluso aquellas que os hacen gritar ARGG por dentro.
                Es ahora más que nunca cuando pensando, pensando y pensando, y volviendo a pensar, me doy cuenta lo mucho que echo de menos sentarme, aprender, reír, quejarme, estudiar, gritar, poder compartir mi día a día con todos vosotros, y escuchar a la vez el sonido del timbre para ir a comernos el bocadillo de tortilla de Kiko. Espero que siga valiendo 1,20.  
                Echo de menos las paredes amarillas, las sillas giratorias que chirrían asesinas de pelo. Aunque no os lo creáis, echo de menos estudiar, los exámenes, poder expresarme en el papel y que me pongan nota por ello. Las tareas, el que me obliguen a leer, e incluso a escribir sin tener que abandonar el gran aliado que es la imaginación y la creatividad, aunque a veces jueguen malas pasadas.
Echo de menos las magdalenas y los brownies de María Delgado.  Echo de menos los JÁÁÁÁÁÁAAAA!!!! de Rosi. Echo de menos las lecturas de Fran. Echo de menos la temática Western que tiene el aura que rodea a Blas. Echo de menos a Timo creyéndose ingeniero antes de tiempo cuando me desmonta los bolis. Echo de menos esos bolis. Echo de menos las canciones y sonrisas de Paula Al. Los dramas de María V., los gritos de Irene, Inma y su "Puedo ir al servicio por favor? Es urgente." Echo de menos el sarcasmo de Rubén. Echo de menos el silencio de Jesús, a Jorge quejándose de la literatura. La manera que tiene María Martín para relacionar a Bécquer y al Atlético de Madrid  con lo que quiera... a la vez. Echo de menos Juan López intentando romper el hielo.

                Echo de menos cada cosa de cada uno de vosotros.  Echo de menos el agua de la fuente. Me doy cuenta de lo mucho que estoy encerrada en el "liberador" sonido del timbre de El Alquián, y me impresiona lo mucho que un tonto sonido puede desembocar.
                Disfrutad, estudiad, divertíos, y acordaos de mí al igual que yo me acuerdo del sonido del timbre, el cuál prevalece en mi memoria solo porque siempre va acompañado por vuestras estridentes voces dando un concierto entre clase y clase.
                ¡Os echo de menos!
                Un beso,
                               Vuestra compañera y amiga María José.